Meseta predesértica, oasis y desierto

Marruecos

con una superficie de desierto realmente pequeña, es un país fundamentalmente montañoso.

Para visitar el desierto, hay que dirigirse al sur, atravesar la gran cordillera del Atlas y la meseta predesertica,

franquear las montañas del Sarhro

para finalmente adentrarnos en el desierto por las rutas de los oasis

donde, curiosas construcciones de barro que han desafiado a la erosión del tiempo, cobijan a una población fundamentalmente bereber que los llena de vida.

Más allá, antes de la frontera argelina, aparece por fin la zona de arena y las dunas que flotan como islas en el interior de las hamadas.

La zona sureste, en el desierto, es la que concentra en la ruta de Ouarzazate,

Dades

y Merzouga,

a la mayoría de turistas que viajan al sur, ya que  hasta el mismo borde de las dunas de Merzouga se puede llegar por dos carreteras, lo que ha masificado la zona. Pero hay otros lugares en el Sahara a los que se accede únicamente por pistas y a bordo de un todo terreno.

Aquí, en  las hamadas desprovistas de turismo, unas llanuras infinitas que configuran un entorno hostil pero lleno de belleza,

se puede palpar realmente el desierto, la  soledad de sus dunas, el colorido de su cielo

y lo  más impactante: el silencio. 

Pero es que el desierto no es solo bonito durante el día, el crepúsculo o la salida de sol desde estos lugares casi mágicos, son especiales.

Fuera de la época estival, un buen fuego para calentarse mientras escuchamos cantos tradicionales saharauis es una buena forma de acabar el día.

Y cuando miras para arriba, te encuentras un manto de estrellas que parece que puedas tocar si levantaras la mano.

En el desierto no solo hay hamadas y espejismos.

También hay montañas

En las zonas predesérticas y desérticas, antiguamente nunca hubo ni ciudades ni pueblos excepto en los oasis que albergaban los enormes palmerales cuyos dátiles son la base de la economía de la zona. 

Recorreremos andando algunas de las calles subterráneas, con varios siglos de antigüedad,

de estos pueblos bereberes hechos en adobe, en los que la gente aún vive todavía de forma ancestral y donde parece que el tiempo se detuvo. 

A pesar de su gran belleza arquitectónica e importancia histórica, no ha llegado el turismo hasta ellos quizá por su difícil acceso.

En la actualidad estas antiguas construcciones van siendo sustituidas por ciudades modernas y de ladrillo que están acabando con este extraordinario patrimonio arquitectónico de barro digno de ser visto antes de que desaparezca definitivamente. 

Fundamentalmente en la zona predesértica y algunos oasis del norte del desierto, existen espectaculares kasbahs.

Su interior siempre sorprende

Algunas son conocidas y convertidas en museo (lo que las preservará por ahora de la desaparición) con posibilidad de visita guiada por gente local,  que nos permitirá entender mejor su forma de vida. 

Pero también podremos conocer otras que, siendo particulares, lentamente el tiempo va diluyendo para siempre sus fachadas decoradas exquisitamente siguiendo las normas de construcción de su época y, por supuesto, siempre defensivas.

Siendo muchos los oasis, para mí los más bonitos son el de Skoura, en plena meseta predesértica,

El del valle del Draa, que además de estar inmerso en el desierto es el segundo más grande de África,

y como no, el impresionante oasis de Aguinane en el Anti Atlas. 

Pero hay otros más pequeños, aunque no por ello menos bellos, a los que también iremos.

         El ocaso del sol contemplado desde un oasis, es siempre un bonito espectáculo.

Cuando recorres los oasis visitando los pueblos fuera de los circuitos turísticos, te encuentras a veces con lugares llenos de burros. Son los mercados tradicionales locales.

Estos mercados son los lugares a los que acuden los lugareños a vender sus productos o a comprar. Es una amalgama de colores entre las ropas de las mujeres y las verduras y frutas expuestas. Suelen celebrarse una vez a la semana y si coincide que hay mercado cuando pasamos, pues entramos a mirar que hay. Yo suelo comprar especias en estos mercados.

Por esta ruta de los oasis se pueden seguir algunos de los itinerarios de las antiguas caravanas que, procedentes de los países subsaharianos, cruzaban el desierto para dirigirse al norte con sus cargamentos de mercancías a lomos de cientos de camellos. 

Una bonita forma de conocer las rutas caravaneras es un trekking con camellos a lo largo de los palmerales y las dunas. Es un recorrido ideal para grupos de amigos y familias aventureras que disfrutan de los grandes paseos y la integración con la población local.

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